jueves, 7 de junio de 2012

EN EL AMOR POR OTROS

¿Se olvidara acaso la mujer de su niño mamante, de modo que no tenga compasión del hijo de sus entrañas? ¡Aun las tales le pueden olvidar; mas no me olvidare yo de ti! Isa. 49:15.

Elena asumió la responsabilidad de ganar el pan para su familia, pues la embriaguez inhabilitaba a Guillermo para mantener un trabajo por mucho tiempo. Los días de Elena estaban colmados de trabajo cansador y difícil en la fabrica de camisas. Durante la noche, por largas horas lavaba, remendaba y cocinaba. Cinco niños, el menor de los cuales apenas caminaba, requerían su atención y el corazón maternal de Elena exigía mas para ellos de lo que su magro salario podía concederles.

Noches de insomnio, frente surcada de arrugas, manos encallecidas, heridas tiernamente vendadas, alimento nutritivo, medias zurcidas, son hechos que hablan elocuentemente del amor maternal. El bienestar diario de sus pequeñuelos llena siempre los pensamientos de toda verdadera madre. No olvida a ninguno. Su devoción se mide únicamente por las necesidades de los que la llaman "mamita" o "mama".

El amor de Cristo se revela tanto en el Getsemani como en el Monte de las Olivas, en Nain, en Gadara o en el Calvario. Su vida se prodigo constantemente en incansable ministerio por los que le rodeaban. El amor, mayor aun que el de una madre, movió al Maestro a pasar noches de oración intercesora y le inspiro tierna compasion   por los necesitados. La constriño a libertar a los cautivos, levantar a los oprimidos, alimentar a los hambrientos y sanar a los quebrantados de corazón.

Jesús, nuestro ejemplo, amó, como jamás hombre alguno ha amado, por lo tanto vivió como ningún hombre ha vivido. Nuestro amor por él, nos hará servirle y servir a nuestros semejantes.

miércoles, 6 de junio de 2012

Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas. 1 Ped. 2:21.

Se define la palabra clave de nuestro texto de hoy, "ejemplo", como "lo que ha de seguirse o imitarse; un modelo". El apóstol Pedro aclara quien debe ser el ejemplo del cristiano en todas las cosas. Cristo es nuestro modelo. Es aquel a "quien debemos seguir". Nosotros debemos seguir sus pisadas.

Si realmente andamos en las pisadas de Jesús, si el es nuestro ejemplo en todas las cosas, seremos semejantes a el aquí, como también en lo futuro. Cada día se manifestaran en nosotros los atributos de Jesús. "En cada acto de su vida revelaba amor, misericordia y compasión" (CC 12). El ser humano que exalta a Cristo como su ejemplo sera comprensivo con las situaciones y los problemas de las personas con las cuales se relaciona. Se compadecerá de sus ofensores y de los que obran mal con él.

No podemos figurarnos a Jesús siendo tosco o brusco, hablando ruda o severamente, apenando innecesariamente a las almas sensibles. Jesús "no censuraba la debilidad humana" (Ibid). En ocasiones cuando el Salvador se vio obligado a denunciar "la hipocresía, la incredulidad y la iniquidad [...] las lagrimas velaban su voz" (Ibid).

"Cristo esta retratándose en cada discípulo" (DTG 754). El desea ver su propio carácter perfecto reproducido en la vida de cada seguidor. Que glorioso seria si pudiera decirse con toda verdad de cada uno de nosotros: "Ese hombre, esa mujer, se asemeja a Jesús".

"Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas".

lunes, 4 de junio de 2012

EL MISMO AYER, HOY Y POR LOS SIGLOS

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Hb. 13:8.

Casi cualquier atlas o libro de geografía nos impresiona con el sentimiento de que vivimos en un mundo cambiante. Por ejemplo, estudiemos una serie de mapas de Europa. Son increíbles los cambios operados a través de los siglos, o aun durante la ultima parte del ultimo cuarto de siglo. Fronteras nacionales, nombres de ciudades, provincias y otros hitos geográficos se alteraron al impulso del flujo y reflujo de los destinos de las naciones. En la historia humana, lo único cierto es la incertidumbre.

El apóstol Pablo nos asegura que en un mundo que cambia continuamente, tenemos un Salvador inmutable: "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hb. 13:8).

Su amor por nosotros no se altera a causa de la mutabilidad humana."Hace muco se me apareció el Señor y me dijo: "Con amor eterno te he amado. Por eso te atraje con bondad." (Jer. 31:3). Un anciano labrador ilustro una vez esta bendita verdad escribiendo las Palabras "Dios es amor" en la veleta de su casa. "No importa de donde sopla el viento -- explicó --, el amor de Dios no cambia".

Pablo habla también del propósito de Dios como del "propósito eterno que se había propuesto en Cristo Jesús" (Ef. 3:11). La actitud humana de pecado y rebelión contra el cielo ha modificado el interés original de Dios por el hombre. Todavía desea que "todos procedan el arrepentimiento" y sean salvos (2 Ped. 3:9). El eterno propósito de nuestro Dios inmutable, de salvar a todos los que desean ser salvos, sigue siendo el mismo.