viernes, 3 de agosto de 2012

Jesús es mi ejemplo EN LA DEVOCION PERSONAL

Y aconteció en aquellos días, que fue al monte a orar, y paso la noche orando a Dios. Luc. 6:12

Jesús es nuestro ejemplo en la devoción personal. Nunca permitió que sus múltiples tareas lo privaran de la comunión con su Padre. Su vida estaba tan cargada de trabajo como jamás estuvo la de ningún hombre. Llevó una responsabilidad mayor de la que jamás ha llevado o llevará otro hombre. No obstante,El Salvador mantuvo una devota comunión con su Padre que lo capacitó para vivir como jamás ha vivido otro hombre en la tierra.

Los Evangelios están repletos de conmovedores relatos de la vida devocional de Cristo. "Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué a un lugar desierto, y allí oraba". "Y se juntaban muchas gentes a oír y ser sanadas de sus enfermedades. Mas él se apartaba a los desiertos y oraba". "Y aconteció en aquellos días que fué al monte a orar, y paso la noche orando a Dios" (Mar. 1:35; Luc. 5:15,16; 6:12). 

La comunión del Salvador con su Padre fué ininterrumpida. en ocasiones cuando la gente se apiñaba a su alrededor durante el día, hablaba con Dios siendo "aún muy de noche" , y a veces oraba durante toda "la noche". Alguien ha dicho: "Mucha oración, mucho poder; poca oración, poco poder; ninguna oración, ningún poder". La vida de Jesús estaba llena de poder porque estaba llena de oración.

Hay solamente una cosa que puede separarnos de Dios, y es el pecado. "La cantidad de pecado albergada en el corazón mide nuestra distancia de Dios. El extranjero podía entrar solamente hasta el atrio del templo. El alma penitente podía llegar hasta el altar. El sacerdote mediador podía entrar al lugar santo. Únicamente el sumo sacerdote [...] podía entrar al santísimo" (SS 52)

No permitamos que nada nos impida gozar de la comunión con Dios.

Jesús es mi ejemplo EN HACER LA VOLUNTAD DEL PADRE


Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió. Juan 6:38

Los periódicos contienen la historia actual de la raza humana. En sus columnas se habla de hombres de todas las latitudes, que trabajan y juegan, que compran y venden, que se casan y se dan en casamiento. Alquilan casas y compran mercaderías, parlamentan y hacen planes, inventan y destruyen, edifican y comercian, viajan y exploran. ¡Que ser tan inquieto y atareado es el hombre, después de todo! ¿Y por que se afana la mayoría de ellos y hace proyectos? Para agradarse a si mismos, para proveer a la comodidad de los suyos, a su propia felicidad, y para satisfacer anhelos y ambiciones egoístas.

Que contraste ofrece Aquel que abandonó el trono de su gloria para nacer en un establo de Belén. Aunque era el Hijo de Dios, uno con el Padre Eterno, vino no para hacer su voluntad, sino la del que lo envió. “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió”, declaro Jesus (Juan 6:38).

En otra ocasión el Salvador dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4: 34). Aun en su agonía moral sobre la cruz el Señor exclamo: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luca 22:42). Jesus vivió para cumplir la voluntad de su Padre celestial.

Si somos verdaderos seguidores del Maestro, no olvidaremos nunca que somos enviados a este mundo, no para realizar egoístamente nuestro deseo, sino para cumplir con la voluntad del que nos creo. Estamos aquí con un propósito. El Señor nos necesita a todos. Cuando seamos semejantes a Jesus, Dios ocupará el primer lugar en nuestras palabras, pensamientos y acciones.