lunes, 4 de junio de 2012

EL MISMO AYER, HOY Y POR LOS SIGLOS

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Hb. 13:8.

Casi cualquier atlas o libro de geografía nos impresiona con el sentimiento de que vivimos en un mundo cambiante. Por ejemplo, estudiemos una serie de mapas de Europa. Son increíbles los cambios operados a través de los siglos, o aun durante la ultima parte del ultimo cuarto de siglo. Fronteras nacionales, nombres de ciudades, provincias y otros hitos geográficos se alteraron al impulso del flujo y reflujo de los destinos de las naciones. En la historia humana, lo único cierto es la incertidumbre.

El apóstol Pablo nos asegura que en un mundo que cambia continuamente, tenemos un Salvador inmutable: "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hb. 13:8).

Su amor por nosotros no se altera a causa de la mutabilidad humana."Hace muco se me apareció el Señor y me dijo: "Con amor eterno te he amado. Por eso te atraje con bondad." (Jer. 31:3). Un anciano labrador ilustro una vez esta bendita verdad escribiendo las Palabras "Dios es amor" en la veleta de su casa. "No importa de donde sopla el viento -- explicó --, el amor de Dios no cambia".

Pablo habla también del propósito de Dios como del "propósito eterno que se había propuesto en Cristo Jesús" (Ef. 3:11). La actitud humana de pecado y rebelión contra el cielo ha modificado el interés original de Dios por el hombre. Todavía desea que "todos procedan el arrepentimiento" y sean salvos (2 Ped. 3:9). El eterno propósito de nuestro Dios inmutable, de salvar a todos los que desean ser salvos, sigue siendo el mismo.

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