Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas. 1 Ped. 2:21.
Se define la palabra clave de nuestro texto de hoy, "ejemplo", como "lo que ha de seguirse o imitarse; un modelo". El apóstol Pedro aclara quien debe ser el ejemplo del cristiano en todas las cosas. Cristo es nuestro modelo. Es aquel a "quien debemos seguir". Nosotros debemos seguir sus pisadas.
Si realmente andamos en las pisadas de Jesús, si el es nuestro ejemplo en todas las cosas, seremos semejantes a el aquí, como también en lo futuro. Cada día se manifestaran en nosotros los atributos de Jesús. "En cada acto de su vida revelaba amor, misericordia y compasión" (CC 12). El ser humano que exalta a Cristo como su ejemplo sera comprensivo con las situaciones y los problemas de las personas con las cuales se relaciona. Se compadecerá de sus ofensores y de los que obran mal con él.
No podemos figurarnos a Jesús siendo tosco o brusco, hablando ruda o severamente, apenando innecesariamente a las almas sensibles. Jesús "no censuraba la debilidad humana" (Ibid). En ocasiones cuando el Salvador se vio obligado a denunciar "la hipocresía, la incredulidad y la iniquidad [...] las lagrimas velaban su voz" (Ibid).
"Cristo esta retratándose en cada discípulo" (DTG 754). El desea ver su propio carácter perfecto reproducido en la vida de cada seguidor. Que glorioso seria si pudiera decirse con toda verdad de cada uno de nosotros: "Ese hombre, esa mujer, se asemeja a Jesús".
"Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas".
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