Y aconteció en aquellos días, que fue al monte a orar, y paso la noche orando a Dios. Luc. 6:12
Jesús es nuestro ejemplo en la devoción personal. Nunca permitió que sus múltiples tareas lo privaran de la comunión con su Padre. Su vida estaba tan cargada de trabajo como jamás estuvo la de ningún hombre. Llevó una responsabilidad mayor de la que jamás ha llevado o llevará otro hombre. No obstante,El Salvador mantuvo una devota comunión con su Padre que lo capacitó para vivir como jamás ha vivido otro hombre en la tierra.
Los Evangelios están repletos de conmovedores relatos de la vida devocional de Cristo. "Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué a un lugar desierto, y allí oraba". "Y se juntaban muchas gentes a oír y ser sanadas de sus enfermedades. Mas él se apartaba a los desiertos y oraba". "Y aconteció en aquellos días que fué al monte a orar, y paso la noche orando a Dios" (Mar. 1:35; Luc. 5:15,16; 6:12).
La comunión del Salvador con su Padre fué ininterrumpida. en ocasiones cuando la gente se apiñaba a su alrededor durante el día, hablaba con Dios siendo "aún muy de noche" , y a veces oraba durante toda "la noche". Alguien ha dicho: "Mucha oración, mucho poder; poca oración, poco poder; ninguna oración, ningún poder". La vida de Jesús estaba llena de poder porque estaba llena de oración.
Hay solamente una cosa que puede separarnos de Dios, y es el pecado. "La cantidad de pecado albergada en el corazón mide nuestra distancia de Dios. El extranjero podía entrar solamente hasta el atrio del templo. El alma penitente podía llegar hasta el altar. El sacerdote mediador podía entrar al lugar santo. Únicamente el sumo sacerdote [...] podía entrar al santísimo" (SS 52)
No permitamos que nada nos impida gozar de la comunión con Dios.
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