“Jesús venció por la sumisión a Dios y la fe en él, y mediante el apóstol nos dice: ‘Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. [...]’ (Sant. 4:7, 8). No podemos salvarnos a nosotros mismos del poder del tentador; él venció a la humanidad y, cuando nosotros tratamos de resistirlo con nuestra propia fuerza, caemos víctimas de sus designios; pero ‘torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado’ (Prov. 18:10). Satanás tiembla y huye delante del alma más débil que busca refugio en ese nombre poderoso” (DTG 104, 105).
“El poder omnipotente del Espíritu Santo es la defensa de toda alma contrita. Cristo no permitirá que pase bajo el dominio del enemigo quien haya pedido su protección con fe y arrepentimiento. El Salvador está junto a los suyos que son tentados y probados. Con él, no puede haber fracaso, pérdida, imposibilidad o derrota; podemos hacer todas las cosas mediante aquel que nos fortalece. Cuando vengan las tentaciones y las pruebas, no esperéis arreglar todas las dificultades, sino mirad a Jesús, vuestro Ayudador.
“Hay cristianos que piensan y hablan demasiado del poder de Satanás. Piensan en su adversario, oran acerca de él, hablan de él, y parece agrandarse más y más en su imaginación. Es verdad que Satanás es un ser fuerte, pero, gracias a Dios, tenemos un Salvador poderoso que arrojó del cielo al maligno. Satanás se goza cuando engrandecemos su poder. ¿Por qué no hablamos de Jesús? ¿Por qué no magnificamos su poder y su amor?” (DTG 455).
No hay comentarios:
Publicar un comentario